
Era un día como cualquier otro. La calle estaba llena de gente. Un grupo de jóvenes salía de una tienda de ropa. Una señora mayor paseaba a su pequeño perro. Un chico joven paseaba al lado de una chica. Cualquiera que mirase en la distancia a estos últimos pensaría que son pareja. No lo eran. Eran sólo dos amigos. Dos amigos que paseaban juntos, solo eso. Lo triste es que uno de ellos ansiaba algo más.
La mente del chico no dejaba de pensar en los ojos de ella, en besarla, en acariciarla, en tenerla entre sus brazos. Estaba perdidamente enamorado de ella. Lo sabía desde hacía más de un año. Un año entero ocultando sus sentimientos, mintiendo a sus amigos, disimulando. Las cosas no parecían apuntar a un futuro con ella pero estaba resignado a ser simplemente su amigo. No esperaba nada más. Sabía que no podía esperar nada más.
Él la miro como solo a veces se permitía, con ese rostro que todo lo decía sin abrir los labios. Ella le miro divertida. Él se ruborizó. Por un instante creyó que era correspondido, solamente un instante, hasta que el teléfono de ella sonó, despertando de tan ilusoria fantasía.
Ella habló por teléfono. Por el tono en que contestó estaba claro que hablaba con su padre. Él sabía que ella no se llevaba muy bien con su padre, al contrario que él que tenía una relación estupenda con sus padres, a pesar de ser adoptado. Su mente volvía a pensar en ella.
Intentó distraerse. Casi logró pensar en otras cosas pero al final no pudo. Acabó recordando como esa mañana se había levantado inquieto. Había vuelto a soñar con ella. Con estar junto a ella en un altar. Los casaba un vecino que había muerto cuando él era un niño. Los sueños son así de raros. Su madre lloraba, su padre comía pastel. Se levantó feliz, pensando que el sueño era realidad, que estaba casado con ella. Esa mañana lloró al recordar la realidad. Luego se acusó de tonto por llorar por un sueño.
Recordarse a si mismo esa mañana le provocó una sonrisa. En ese instante ella colgó y le miró, inquisitiva, queriendo saber, preguntándose la razón. El mintió y le explicó un mal chiste. Ella rió a pesar de ser un chiste realmente malo. Que felices parecían.
Cruzaron el semáforo cuando se puso verde para los peatones. Ninguno se dio cuenta a tiempo del coche que se precipitaba hacia ellos a gran velocidad. Cuando él reaccionó la empujo con todas sus fuerzas. No se lo pensó. No tuvo tiempo de pensárselo. El coche le arrolló justo antes de impactar contra un camión aparcado. El golpe fue devastador. Toda la gente pudo oír los huesos del chico rompiéndose. Quedó incrustado en el camión, lleno de sangre, quieto.
El chico solo pudo mirar a su amiga unos instantes, los justos para descubrir que ella estaba bien. Ella corrió hacia él. Él solo pudo sonreír. Su rostro estaba cubierto de sangre. Cerró los ojos. Murió antes de que cualquier ayuda llegase. Con él murió un secreto. Nunca le dijo que la quería. Nunca le dijo que la amaba.
Que tristeza más grande!!!
Pero aún hay mas sorpresas…
molt bo .. molt maco…..
Pero una cosa…. ella SEGUR q ho sabia
Existe demasiada tristeza en este relato
Me mola lo del sueño de la boda: “… el padre comiendo pastel. …” Porque será que me recuerda a un acontecimiento que vivimos hace poco, jajajaja