
Continuación de la micro-saga semáforo, iniciada con Semáforo : amigo y continuada con Semáforo: conductor. Recomendado leer estos relatos antes de leer este.
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Llegó a casa cansada. Sus movimientos eran pesados, lentos y cansados. Hacía cuatro noches que no era capaz de conciliar el sueño. Hacía cuatro noches que simplemente lloraba. No estaba en su mejor momento. En realidad era el peor momento de su vida.
Llegó a su habitación y cerró la puerta. Se despojó de su ceñido vestido negro. Una lágrima brotó de sus verdes ojos. Cayó por su mejilla, como lo habían hecho sus hermanas los últimos días. Miró el vestido en el suelo. Recordó cuando lo compró. Pensó que la vida a veces era muy cruel.
Una semana antes estaba comprando con su mejor amiga. Eligió cuidadosamente el vestido negro que ahora reposaba en el suelo de su habitación. También eligió un conjunto de lencería extremadamente sexy. Esperaba que le sirviera aquella noche. La noche en que él no pudo venir.
Llevaba planeándolo más de un mes. El plan era perfecto. Sabía perfectamente que sus sentimientos eran recíprocos. Él estaba enamorado de ella. Ella lo estaba de él. Sabía que esperar a que él se declarase era imposible. Él nunca lo haría pues pensaba que no tendría éxito. Estaba tan equivocado. Era tan dulce. Lloró otra vez. Se tumbó en la cama.
La noche que tenían que quedar él no pudo, se puso enfermo su hermano y se quedó cuidando de él. Le juró quedar a la mañana siguiente para compensarlo. Ella accedió. Esa noche salió sin desgana. Estuvo dándole esquinazo a un pesado que afirmaba ser periodista. Se fue pronto a dormir.
El día que quedaron era un día como otro cualquiera. Pasearon y rieron animosamente. Ella dudaba si contarle lo que sentía. Cualquiera que los viese pensaría que eran pareja. Ella lo deseaba fervientemente. Sabía que él también. Llevaban demasiado jugando. Él la miro con esos ojos que sólo él sabía poner. Estaba claro que estaba loco por ella. De repente sonó su teléfono. Ella maldijo mentalmente a quien estropeó ese instante. Habló con su padre mientras llegaban a un semáforo.
Cuando colgó él sonreía. Le preguntó la razón y le explico un chiste realmente malo. Rió para hacerle feliz. Coqueteaba con él. Ella estaba feliz de comprobar como de nuevo el instante estaba surgiendo. Cruzaron la calle, el semáforo estaba en verde. Estaba tan distraída mirándole que no vio el coche que se precipitaba hacia ellos a gran velocidad.
Todo pasó demasiado deprisa. Lloró al recordarlo. En realidad, no había parado de llorar. Encendió el pequeño televisor de su habitación para alejar los dolorosos recuerdos de hace cuatro días. Quería olvidarse del entierro en el que lució el negro vestido.
La casualidad quiso que viese las noticias en el pequeño televisor de su habitación. La casualidad quiso que hablasen del conductor responsable de la muerte de su amigo. Del hombre al que ella amaba. La casualidad quiso que descubriese que era el periodista al que ella había dado largas. De repente lo comprendió todo. No había sido un accidente.
Horas más tarde su madre la encontró en el baño. Estaba desnuda en la bañera, rodeada de agua teñida de rojo. Teñida de rojo sangre. Sus muñecas estaban cortadas, las venas seccionadas. Su madre corrió para intentar ayudarla pro ya era tarde. Murió sin poder contarle la verdad. Nunca le dijo que le quería. Nunca le dijo que le amaba.
Lo dicho, negativo, negativo!!!
Eso si, muy bien los relatos, que quede bien claro.
q mal….. estoy con Kalamardo… demasiada tristeza….
Leeremos un dia un relato con final feliz, di que si!
Xq la hermana llora tanto? tendremos próximo capítulo? como morira ella? se la comeran una vez este en cachitos?
Hermana? que hermana?
Niceman, supongo que se refiere al hermano enfermo. Eh que si Marieta?
El hermano enfermo ni me acordaba de él. Es una herramienta para un fin mayor jeje