
La tenue luz del reloj digital marcaba las tres y cincuenta y dos minutos de la madrugada, aportando un ligero tono rojizo a las penumbras de la habitación. Entre las sabanas se hallaba la figura solitaria de un hombre. Tenía los ojos completamente abiertos y miraba los números del reloj, esperando que cambiasen.
Seguía sin poder dormir, el abrazo de Morfeo no prometía llegar pronto. Su cabeza no dejaba de dar vueltas. Se revolvía inquieto en la cama. Pensaba en como su vida había cambiado en el transcurso del último mes. Su novia siempre le acusaba de ser un conformista. La última vez acabaron discutiendo y ella le abandonó. Sus jefes del trabajo le sacaron de un importante proyecto y le dijeron que era poco iniciativo. Probablemente le despedirían al acabar el mes. Todos parecían decirle que hiciera algo con su vida, que era hora de cambiar. Cansado de dar vueltas en la cama decidió levantarse.
La cocina se iluminó con la potente luz de los tres focos.El hombre entró en ella, vestido simplemente con un viejo calzoncillo azul. Abrió la nevera y extrajo un cartón de leche desnatada. Cerró la puerta de la nevera y se dirigió al armario de color blanco, en busca de un vaso. Paró antes de llegar. Miro la leche. Empezó a beber directamente del envase. Nunca antes lo había hecho. Esa noche decidió que sería algo más alocado, más rebelde, más libre.
Dejó el cartón de leche en una pequeña mesa plegable situada a un lado de la cocina y se dirigió al comedor con paso firme y decidido. Cuando llegó cogió un montón de cartas que había en la enorme mesa que presidia la estancia. Empezó a romperlas mientras maldecía cada una de ellas. Las facturas del agua, el teléfono y la luz fueron las primeras en ser convertidas en pedazos que tiró al suelo. Decidió no guardar más facturas. Decidió no tener todo controlado. Decidió dejarse llevar.
Continuó rompiendo cartas. Cuando llegó a la carta del seguro de su coche paro. La miró con odio durante un minuto. Le fastidiaba enormemente que por culpa de unos malnacidos que le robaron la radio le subieran la cuota. No encontraba justo que unos robaran y él, el afectado, tuviese que pagar las consecuencias. La rompió y lanzó sus pedazos junto a las demás. Regresó a su habitación justo después de apagar todas las luces que había encendido. El reloj de la habitación marcaba las cuatro y ocho minutos.
Se vistió y se dirigió a la calle. Cuando llegó al recibidor de su edificio descubrió que la puerta que daba a la calle estaba completamente abierta. En la última reunión de vecinos pidieron que siempre se cerrara. Salió sin hacerlo, mirando la puerta de manera desafiante y orgullosa.
Cuando llegó al callejón donde tuvo que aparcar su coche la noche anterior descubrió alguien dentro de su coche, intentando sacar la radio. Se escondió rápidamente detrás de un contenedor de basura. El ladrón no le vio pues estaba de espaldas a él y suficientemente lejos. Lo miró desde su escondite. Los cristales de la ventana del conductor esparcidos por el suelo, su guantera abierta de par en par y los documentos esparcidos en la calle.
Escondió de nuevo la cabeza tras el contenedor. Apretó sus puños en un gesto de rabia contenida. Podría correr a casa y llamar desde allí, evitando que el ladrón le viese. Podría llamar a la policía y esperar pacientemente. Seguramente antes de que llegasen el ladrón huiría. Puso una mano en el suelo para poder levantarse para ver mejor al ladrón. Notó algo frío y metálico en su mano. Era una barra de hierro. Pertenecía a un somier despedazado que había junto al contenedor. No lo vio antes. Ahora era como una señal, una señal que estaba dispuesto a seguir.
Con un grito de ira se lanzó contra su propio coche. Esperaba hacer salir al ladrón y darle el primer golpe. Todo ocurrió demasiado deprisa. El ladrón salió del coche con una navaja en las manos, la que había usado para forzar la guantera. La barra pesaba más de lo que él quería, sus movimientos fueron demasiado lentos. La alzó para golpear al ladrón, éste fue más rápido. La navaja se clavó en su carne, sus ojos se abrieron ante el dolor. Miró a su agresor aterrorizado, éste le clavó la navaja tres veces más en respuesta. La última vez retorció la hoja dentro de la carne. El ladrón huyó velozmente y se perdió en la noche.
El hombre estaba tumbado en un charco de sangre. La calle estaba completamente empapada del espeso líquido rojo. Los ojos se le cerraban, una sensación de sueño le envolvía. Pensó que al fin podría descansar después de tan larga noche.
A lo lejos escuchó su propio teléfono móvil. Recordó que lo tenía, quizás podría llamar a alguien para que le ayudase. Luchó contra el cansancio y cogió el aparato del interior de su chaqueta, teñida de su propia sangre. Cuando logró mirar la pantalla descubrió que el motivo de que sonase era un mensaje. La curiosidad le pudo más que el instinto de supervivencia, leyó el mensaje. Era de su ex novia, le pedía perdón y le decía que le amaba.
El móvil se deslizó de sus manos. Esbozaba una sonrisa, una pequeña lágrima asomaba en su rostro. Nadie podría decir que no había hecho nada. Nadie le acusaría de ser un cobarde. Sus ojos se cerraron para no abrirse nunca más. La pantalla de su móvil marcaba las cuatro y catorce minutos.
Bueno, lo único que le faltaba al relato es el sonido de fondo de un violín entonando la más melancólica de las melodías.
Muy bueno, pero en fin, la muerte se sirve fría, o al menos eso dicen.
No decías que no tenías tiempo para leerlo??
ME confundes querido Kalamardo, me confundes…
Sabes que como buen amigo tuyo que soy… nada más leer el segundo párrafo se veia venir una trama así y un final similar…. muy típico, que sepas que no me ha gustado…
Sigue escribiendo, estos errores te harán escribir mejor.
Mmm… no me termina de convencer… tendrías que haberle hundido más en la miseria para hacerlo acabar así… nu sé nu sé…
que malotes sois, quereis sangre, desiria, pena, humillación y venganza. Es una historia normal sobre alguien normal con un final BDA.
Tendré que escribir de otro modo?
¿No pides perdón por el tocho?
Luego me lo leo ^_^
Un personaje BDA aguanta tó lo que le echen…
Yo no soy un personaje, soy el autor :’(
Nombre curiosamente familiar (¿Matrix?)
Una cosa es ser rebelde/alocado y la otra es ser un cerdo.
No me ha gustado.
un cerdo? pq??