
Estando nuestra querida camarera guapa y simpática enferma, con un trancazo del quinze, pasamos de largo de la cafetería no llamada Molleja Rugosa y nos pateamos media ciudad para encontrar un lugar místico y misterioso no llamado Manifiesto Café (hoy iré ya que voy con retraso, prisas y no me puedo demorar mucho).
El cambio de cafetería pero, tuvo su ventaja ya que cada mesa esta acompañada de sofás en forma de I, de L o de U. Imaginaros pues, un desayuno (no nos movemos del mítico café con leche y, del más mítico aún, mini de jamón) sentada en una de las patas de una U, aún mejor, imaginaos estando tumbados en una de las patas de la U, apoyando el cuerpo sobre el respaldo, tumbados de lado y con las piernas estiradas…. tanto Holly cómo yo siiiii ¡que lujo de desayuno! ¡Ni los adinerados jeques árabes desayunan mejor! (pero un tu imaginación, querid@ lector/a, sustituye a Niceman por una chica despampanante, cómo pudiera la “verdadera” Holly. ¡Si! Aún si eres una lectora, ¡imaginate a Holly!). Y de precio no me puedo quejar, aún más barato que en nuestra cafetería habitual, lástima que, no se si Holly/Niceman estará de acuerdo, esta nueva cafetería no llamada Manifiesto Café no trabaje nuestra camarera favorita, guapa y simpática.
Y pocos detalles hay que contar, que no haya explicado Niceman aún: Holly hablando de su vida y sus aventuras, Paul escuchándola y haciendo preguntas.
Realmente Paul sabe atender a las mujeres, porque las escucha (y las mira!) con mucha atención.
P.D.: Mi trabajo me ha hecho retrasar la publicación del capítulo de hoy.