
Querido diario, o sería mejor decir estimado diario? La verdad es que no se que escribir exactamente, esta es la primera vez que escribo un diario. Mi nombre no importa, mi edad y mi profesión tampoco. Solo importan los actos que realizo y como empezaron. Me hago llamar señor A, pero no es ninguna inicial, no significa nada para mi, sólo es la primera letra del abecedario.
He intentado comprar un diario para relatar mis experiencias muchas veces, y al final me he atrevido. Me pregunto las razones por las que escribo en él y sinceramente las desconozco. Quiero creer que en un futuro leeré estas páginas para recordar lo que he hecho, o quizás, si alguien lo encuentra, que sepa todo lo que he hecho y los motivos, pues así quizás logre comprenderme. Pero no empecemos por el final, comencemos por el principio, como debe ser.
Todo empezó hace ya cinco años. Por aquel entonces yo salía con una chica, una rubia presuntuosa que creía ser más lista de lo que demostraba realmente en público. No quiero escribir su nombre, pues no es para nada importante. Si lo era su “inteligencia”, por no decir su estupidez, que me condujo al momento más revelador de toda mi vida.
El aparcamiento de una discoteca fue el escenario de mi “renacimiento”, por llamarlo de algún modo. Ocurrió a las afueras de una gran ciudad, una noche de sábado, en verano. La que era mi pareja se mostró demasiado coqueta con un joven en evidente estado de embriaguez. Acabó consiguiendo que el chico se volviese demasiado insistente y, finalmente, peligroso. Me tocó hacerme el héroe. Defender el honor de mi novia me causaba bastante miedo, yo nunca he sido un luchador ejemplar, pero tenía que hacerlo si esa noche pretendía satisfacer mis instintos masculinos. Así son las mujeres, nos meten en peligros para demostrarse que están con el macho más fuerte.
Lo cierto es que desconozco la razón por la que salí fuera a pelear con el chico, siempre había sido un tipo pacífico, un cobarde según otras visiones. Tampoco sé como salí con una botella de cerveza en la mano, pero ese detalle fue esencial para descubrirme a mi mismo. La pelea duró lo que dura un suspiro, pero la recuerdo a la perfección, esta grabada para siempre en mi memoria. El se abalanzó sobre mi y usé la botella para defenderme. La tenía sujeta por el cuello y al golpear a mi enemigo lo hice con tanta fuerza que el cristal se destrozó al impactar en su cráneo. Noté el cristal romperse y cortar mi mano, noté el líquido caer entre mis dedos. Delante de mi tenía al joven ligeramente aturdido, con la cabeza llena de su sangre, y en mi mano ensangrentada tenía la botella rota. No dude ni un instante, sabía lo que tenía que hacer y me dispuse a ejecutar el movimiento, esperando que funcionase. Con un gesto rápido corté la garganta del joven borracho. La sangre brotó como un caudal deseoso de salir. Fue el momento más maravilloso de mi vida. Maté a un hombre.
Arrancar una vida siempre me llena de una fuerza increíble, me hace sentir un poder comparable al de Dios. Yo elijo cuando acaba una vida, mi mano ejecuta sin piedad. La sangre brota y me embarga una satisfacción inconmensurable. Es imposible describir a quien no ha matado lo que se siente y que este entienda lo que quieres decir. Esa noche descubrí el mayor placer, el de matar.
Escapar de la justicia, que lo atribuyó a pelea de borrachos y defensa propia, fue sencillo. Desde entonces he arrancado catorce vidas. Catorce vidas que han sido fabulosas muertes. No tengo un plan, nunca tengo un plan, ni una víctima favorita. He matado a nueve mujeres y a cinco hombres. He matado a tres rubias, cinco morenas y una pelirroja. Una de las morenas era japonesa. De los hombres uno era negro y otro francés, que gritó de manera placentera pidiéndome clemencia en francés. Un idioma bonito el francés pues incluso las lágrimas de piedad suenan a palabras de amor.
Ruego me disculpes querido diario, no tengo mucho más tiempo para escribir. Debo apresurarme. Ya tendré tiempo de recrearme en mis otras muertes. Estoy en una estación de tren de una pequeña ciudad. Me encanta ver a la gente corriendo para subir al tren, la gente que llega tarde al trabajo, a coger un avión o a seguir con sus patéticas vidas, ignorando que estoy vigilando y seleccionando a mi próxima víctima. Esta mañana me he levantado con ganas de asesinar pero no sabía a que. Ahora acabo de ver a mi presa, por eso debo dejarte. Pronto serán dieciséis las victimas. Nueve mujeres y seis hombres.
Pero ésto que es???? Un relato sobre un asesino… y ahora nos dirás que es un juego de rol claro….
Me parese un relato muy interesante que demuestra el nivel de violensia que tienes en tu interior. Deberías ir a un psiquiatra men! Ya tu sabes que estás enfermo?
Pancracia y Rigoberto, quien sois?
Esta noche he quedado contigo y después de ver esto no se yo si quedarme en casa. Me has acojonao!!!
Ahora voy a tener que ser yo el que demuestre mi valentía cuando una vez aparque delante de tu casa, suba y me encuentre allí, abriendome la puerta un tiparraco de 1,90.
En fin, si no me veis mas os quiero decir que he sido victima de este despiadado asesino.
Un saludo
Charlas03
charlas03 tu no habrás quedado con Kalamardo en vez de conmigo? Pq a mi casa no ha venido nadie, me he quedado sin victima me cachis…
Si, se ha confundido conmigo… En fin serafin.