
A veces veo sombrillas que vuelan en la playa. Esta semana he ido diversos dias a la playa, hace sol y apetece. Que yo vaya a la playa no es motivo suficiente como para escribir una entrada en este blog, bueno en realidad motivo suficiente podría ser incluso que comiese guisantes ya que el blog es mio y escribo lo que me surge de lo más profundo y recondito de mi ser.
Recapitulemos, estamos en el capítulo 44. Dado que mi trabajo me deja las tardes libres, pero no por ello es un lugar paradisiaco donde las ninfas de las despreocupación purulan alegremente, es un trabajo no un cachondeo, pues dedico parte de mis tardes libres a mi ocio y disfrute en compañia de, la aveces acusada como novia pero nunca lo ha sido, mi querida amiga que ningún párroco de iglesia alguna bautizó como Segismunda.
Las tardes libres las paso, algunas, en la playa, tostándome cual gamba, o adquiriendo el color de los tomates maduros, ya que el color de mi piel, blanco nieve virgen 358, nunca adquiere la tonalidad morena deseada, pasa al rojo directamente. En una de estas tardes soleadas pero con rachas moderadas de viento, vimos pasar tres veces sombrillas voladoras, y las tres veces diferentes. Así que aprovecho este capítulo para pedirte, veraneante con sombrilla, que la claves bien clavada, la sombrilla so mente sucia, para que no se vaya ella volando por ahí causando terror entre los tomasoles, como yo mismo.
Ala pues, os dejo con la envidia, o no, de que me tuesto al Sol.
P.D.: Este fin de semana vuelvo a desaparecer de mi ciudad, más aventuras en el róximo capítulo!
Bonus track: Clava que te clava la sombrilla
Me encanta esta canción, es malísima de cojones pero ilustra perfectamente el “espiritu” de las canciones del verano… en fin serafin.